• Las matemáticas duelen

    Está claro que para algunas personas el simple hecho de pronunciar la palabra 'Matemáticas' le incita pavor, miedo y ganas de correr en estampida. ¿Sumas?, ¿Restas?, ¿Ecuaciones?, ¿Multiplicaciones?, ¿Divisiones?, para lo que algunas personas es un placer y un juego de niños, para otras les crea auténticos quebraderos de cabeza que, según un nuevo estudio, hace que algunas personas lleguen a sentir dolor físico real [...].

  • Webseries: de la caja tonta al teléfono inteligente

    En la Revista QUO de este mes de noviembre (nº 206 / pág. 46), publico un reportaje de uno de mis temas favoritos: series, series y más series. En este caso, abordamos las Webseries como fenómeno de moda, aunque también podrás conocer como esa moda ya existía antes de que llegaran Twitter y Facebook. Para leer el reportaje completo sigue el siguiente enlace a la revista QUO: [...]

  • Si la evolución es cierta... ¿Por qué aún hay monos?

    [...] "Esta es una pregunta habitual entre los biólogos evolutivos", afirma el Dr. Paul Willis, paleontólogo y director de RIAus. Una pregunta habitual entre los biólogos que no debiera tener tanto protagonismo, pues si os fíjáis, la pregunta en sí misma revela un par de malentendidos fundamentales sobre cómo funciona la Teoría de la Evolución [...]

"Always look on the bright side of life ♫♪"

domingo, 5 de mayo de 2013

El pecado hecho cupcake para el día de la madre: chocolate negro y frambuesas

Seguimos goloseando, pero esta vez con la excusa perfecta: el día de la madre. Pensando en los sabores favoritos de mi madre, fui pensando todas las combinaciones de cupcakes posible y como los de leche frita me parecían un riesgo me decanté por otro de los sabores favoritos de mi madre: chocolate negro. Más negro que el tizón... con frambuesas.


Receta de cupcakes de chocolate negro con frambuesas

Como en todo, me gustan los sabores intensos. Si un bizcocho es de chocolate no puede saber a algo indefinido: debe saber a chocolate. Esta receta es sin duda para los fans del chocolate muy negro, que bien sabrán apreciar cada mordisco de esta magdalena.

Herramientas necesarias
  • Batidora
  • Moldes para cupcakes/muffins de 5 cm de diámetro. Pueden ser metálicos o de silicona. (Yo uso el de 12 de Wilton)
  • Cápsulas de cupcake (5cm) (en el Tiger las puedes encontrar muy bien de precio)
  • 1 tamiz o colador (preferiblemente grande)
  • Manga pastelera y boquilla al gusto para decorar.
Ingredientes para 12 cupcakes de 5 cm de diámetro:
  • 120 gr de chocolate Lindt 70% cacao (1 tableta y un poquito más)
  • 3 huevos
  • 150 gr de harina
  • 135 gr de mantequilla
  • 115 ml de leche
  • 150 gr de azúcar moreno
  • 1 cucharada de levadura
  • 12 frambuesas + 12 para adornar al final
Ingredientes para el buttercream:
  • 250 gr de mantequilla
  • 270 gr de azúcar glass (usé la marca Azucarera)
  • 6 frambuesas
Preparación de la magdalena:
  • Precalentamos el horno a 180º por arriba y por debajo.
  • Calentamos en un cazo la leche con el chocolate hasta que este se haya derretido por completo. Apártalo del fuego y deja que se temple un poco.
  • Tamizamos la harina con la levadura y reservamos.
  • Batimos en un bol el azúcar moreno con la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente (al menos una hora antes hay que sacarla de la nevera).
  • Una vez esté bien mezclado, añadimos los huevos uno a uno y batimos hasta que se integren bien. Como digo siempre, no hay que pasarse batiendo o el bizcocho de la magdalena quedará apelmazado. Solo lo justo y necesario.
  • Echamos ahora la harina y removemos hasta que esté todo integrado.
  • Es el turno del chocolate, que ya estará templado.Batimos bien.
  • Colocamos las cápsulas en la bandeja para cupcakes.
  • Con la ayuda de una cuchara de helado, o la que tengas, llenamos 3/4 de cada cápsula. 
  • Cogemos las 12 frambuesas y las introducimos con el dedo en el centro de cada cupcake, haciendo que esta quede dentro completamente y no se la vea. Aplástala bien hacia abajo para que no se suba al hornear y te fastidie la decoración.
  • Introducimos en el horno a 180º durante 20-25 minutos o hasta que un palillo salga limpio.
  • Dejar enfriar por completo antes de decorar los cupcakes o se derretirá el buttercream.
Preparación del buttercream:
  • Mientras se hacen las magdalenas, preparamos el buttercream. Recordemos que la mantequilla debe estar a temperatura ambiente.
  • Tamizamos el azúcar glass sobre la mantequilla.
  • Una vez hayamos tapado el bol con un trapo (se puede liar parda) batimos bien 4 o 5 minutos a temperatura media-baja la mantequilla y el azúcar glass.
  • Añadimos las 6 frambuesas y volvemos a batir durante otros 3 minutos a la misma velocidad. Cuando la crema se vea bien integrada, introduciremos la pasta resultante en la manga pastelera y procederemos a decorar los cupcakes con las otras 12 frambuesas que habíamos reservado.
  • Enjoy! =)





miércoles, 17 de abril de 2013

Muffins de limón limón con chocolate blanco

Soy una golosa. Lo sé, pero no lo puedo evitar ¡y mira que lo intento! Como soy un desastre y he perdido la contraseña y el usuario de mi Tumblr (¡sí, caos total!) y este blog ya ha sufrido todo tipo de idas y venidas, no creo que nadie se extrañe de ver una receta de cocina ¿no? y si es así pues aludiré a la norma básica que siempre prima: 'es mi blog y me lo follo como quiero'.

Teniendo este concepto claro, vamos a la aventura de preparar estos muffins de limón limón:


Receta de muffins de limón y chocolate blanco

Me encanta el limón. Muchísimo. Pero detesto echar la ralladura como pone en casi todas las recetas ¿por qué? porque para mi lo rico del limón es la acidez, pero si le metemos la dichosa ralladura que aparece en todos los libros de cocina, el postre resultante (mermelada, tartas, muffins...) no tendrá un sabor ácido, sino más bien, amargo (aggghhh!). 

Así que esta receta, que me la he sacado un poco de la manga, va sin este añadido. Si lo quieres en tus muffins solo tienes que añadir la ralladura de dos limones y allá tú :P.

Por cierto, son de limón limón, es decir, intenso. No me vengáis luego con 'es que saben mucho a limón'. Es que son de limón, leñes. xD.

Ingredientes para 12 muffins de 5 cm de diámetro
  • 300 g de harina
  • 200 g de azúcar
  • 1 cucharadita de levadura química tipo Royal
  • 125 gr de mantequilla 
  • 100 ml de zumo de limón
  • 60 ml de yogur natural (sin azúcar)
  • 2 huevos L
  • 90 g de chocolate 'Nestlé postres blanco'.
Para el almíbar:
  • 100 ml de agua
  • 100 g de azúcar
  • 1 cucharadita de extracto de limón (lo tienen en Carrefour de la marca Vahiné), o, en su defecto, 7 u 8 cucharaditas de zumo de limón.
Herramientas:
  • Batidora
  • Moldes para cupcakes/muffins de 5 cm de diámetro. Pueden ser metálicos o de silicona. (Yo uso el de 12 de Wilton)
  • Cápsulas de cupcake (5cm) (en el Tiger las puedes encontrar muy bien de precio)
  • 1 tamiz o colador (preferiblemente grande)
Preparación:
  • Antes de empezar, dale caña al horno. Ponlo a precalentar a 180º por ambos lados.
  • Pon las cápsulas de papel en el molde.
  • Añadimos a la harina una cucharadita de levadura, mezclamos y tamizamos, es decir, pasamos la harina por el colador antes de trabajar con ella. Lo sé, es un rollo, pero la diferencia en el resultado es radicalmente distinta.
  • NOTA FRIKI: ¿Cómo y para qué hay que tamizar la harina? Para tamizarla solo tenemos que pasar la harina, mezclada con otros ingredientes si es el caso, por un tamiz o colador. De esta forma entra aire en las partículas de harina y absorben el líquido de forma más homogénea, permitiendo trabajar mejor con ella y dando un resultado más esponjoso a nuestro bizcocho. Además, antaño lo usaban para ver si había algún bicho u objeto indeseado, cosa que ahora es más raro encontrar.
  • Derrite la mantequilla en el microondas y déjala enfriar por completo.
  • Añadimos a la harina tamizada el azúcar, la mantequilla derretida y FRÍA, los huevos, el zumo de limón y el yogur natural. 
  • Ahora con la batidora de mano batiremos despacio, para mezclar los ingredientes lo justo y necesario pero sin pasarnos. Es decir, no deben quedar grumos, pero debes batir lo menos posible la mezcla para que te quede un bizcocho esponjoso y no 'mazacote'.
  • Has terminado con la batidora. Corta el chocolate en trocitos (cuadraditos pequeños) y añádelos a la masa. Mezcla con una cuchara para que se repartan bien. (el chocolate se va a derretir, ¡no esperes encontrar trocitos!)
  • Con la ayuda de una cuchara de helado (o la que tengas) reparte la masa en los 12 moldes.
  • Introduce los muffins en el horno y déjalos 25 mtos o hasta que un palillo salga limpio.
  • Mientras se hornean, preparamos el almíbar. En un cazo calentamos el azúcar, el agua y el extracto de limón sin dejar de remover hasta que hierva. Apagamos el fuego y dejamos reposar.
  • Cuando estén los muffins, saca la bandeja y déjalos enfriar 10 minutos. Haz agujeros a los muffins con un palillo y, después, con la ayuda de un pincel o brocha de cocina, extiende bien el almíbar por encima de los muffins. Déjalos enfriar 5 minutos más y después sácalos del molde y déjalos enfriar sobre una rejilla (o la encimera).
  • Enjoy! =)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Webseries: de la caja tonta al teléfono inteligente

Foto: QUO.es

"Profesionales y aficionados conviven en internet a la caza del público joven. La tele deja de ser un mueble de salón y se sube al metro en tablets y smartphones"

En la Revista QUO de este mes de noviembre (nº 206 / pág. 46), publico un reportaje de uno de mis temas favoritos: series, series y más series. En este caso, abordamos las Webseries como fenómeno de moda, aunque también podrás conocer como esa moda ya existía antes de que llegaran Twitter y Facebook.

Desde una sola serie que se realizó en 2004 en nuestro país, hemos pasado a las 66 en 2010 con nuevas y variadas temáticas. Además, la ficción internacional -y la nacional- cada vez se basan más en el éxito de la estrategia 360º, que concibe la obra como una suma de lo que se emite en TV y el contenido exclusivo que se ofrece en la página web.

Para leer el reportaje completo sigue el siguiente enlace a la revista QUO:

Leer Webseries: de la caja tonta al teléfono inteligente



Las matemáticas duelen de verdad



@auroraferrer - Está claro que para algunas personas el simple hecho de pronunciar la palabra 'Matemáticas' les incita pavor, miedo y ganas de correr en estampida. ¿Sumas?, ¿Restas?, ¿Ecuaciones?, ¿Multiplicaciones?, ¿Divisiones?, para lo que algunas personas es un placer y un juego de niños, para otras les crea auténticos quebraderos de cabeza que, según un nuevo estudio, hace que algunas personas lleguen a sentir dolor físico real.

El estudio, publicado en PLOS One, ha demostrado que el terror de algunas personas hacia las matemáticas, es más que un capricho y una exageración. Según Ian M. Lyons, uno de los coautores del trabajo: "para las personas con altos niveles de ansiedad matemática" (HMAs, por sus siglas en inglés), las matemáticas duelen".

Lyons y su colega, Sian L. Beilock, el otro coautor del estudio, estaban interesados por otros estudios previos que ya habían demostrado que algunas personas experimentan el rechazo social de una manera comparable al dolor real, sensación que aumenta según los niveles de ansiedad que marque el matemófobo en cuestión.

La hipótesis que mantenían, es que el simple planteamiento de un problema de matemáticas (en concreto la expectativa) sería el causante de la ansiedad y, por tanto, del dolor posterior. Para poner a prueba sus conclusiones previas, los investigadores reunieron dos grupos de 14 personas cada uno. En uno de ellos, los fuertes en el ring de los números, aquellas personas que mostraban un bajo nivel de ansiedad matemática (LMAs, por sus siglas en inglés). En el otro, los matemófobos, esperando su cruel condena. Los criterios para cuantificar la ansiedad de los participantes, se basaron en una escala específicamente diseñada para medir el grado de ansiedad matemática (fijaros que ya hasta tiene escala propia), conocida como Escala de de Fennema-Sherman. Este  cuestionario ha sido validado por expertos de todo el mundo y se utiliza desde la década de los 70.

A las 28 personas se les hizo una serie de preguntas, consistentes en acertijos matemáticos y otras pruebas pedagógicas similares. Mientras tanto, sus cerebros estaban siendo escaneados por resonancia magnética. De esta forma, los investigadores podrían observar aquellas regiones cerebrales involucradas en ejecutar la tarea y sus posibles consecuencias (o no) en nuestro organismo. Antes de hacer la foto, un procedimiento de luces alertaba al sujeto de cómo iba a ser la pregunta: con mala leche o facilita. Eso fue clave para comprobar que la expectativa y el planteamiento previo es el que genera los sentimientos desagradables hacia esta maravillosa ciencia básica, y no el problema matemático a resolver en sí mismo.

Según afirma Lyon en sus conclusiones: "las investigaciones previas sobre la causalidad entre el procesamiento del dolor y una experiencia psicológica de rechazo social, se han centrado principalmente en la experiencia real de ser rechazado". Pero, "los datos van más allá de estos resultados y sugieren que incluso anticipar un acontecimiento desagradable se asocia con la activación de las regiones neuronales implicados en el dolor".

Aunque algunos creen que puede haber cierta relación con la evolución del ser humano, Lyon lo pone en duda: "es "poco probable que un mecanismo puramente evolutivo conlleve una respuesta de dolor neural provocada por la posibilidad de tener que ir a clase a hacer un examen de matemáticas (las matemáticas son una invención cultural reciente)". Lo que significa que las vías del dolor en el cerebro pueden ser activadas por cosas que no tienen relación con las experiencias dolorosas. Una investigación sin duda interesante, pues podría ayudar al estudio de otros fenómenos psicológicos como fobias o la fibromialgia.

Me enteré leyendo: The Huffington Post

sábado, 3 de marzo de 2012

Democracia de salón (2ª parte): Influencia, manipulación e igualdad democrática


"Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son." 

Abraham Lincoln

Observamos incrédulos y no pocas veces decepcionados, que nuestro sistema democrático, lejos de alcanzar las cuotas de igualdad idóneas para el desarrollo de sus ciudadanos, se aleja notablemente de su objetivo por factores y actores diversos que irrumpen en el ámbito de la política con objetivos que nada tienen que ver con el objetivo común. No se trata de una carencia de fundamentos o motivaciones –una inmensa mayoría de individuos sabemos cómo debemos comportarnos, sin embargo, el comportamiento real es diferente al ideal-, sino de los factores exógenos al juego democrático que lo pervierten y modifican con la finalidad de lograr objetivos, muchas veces partidistas y grupales, alejándose así del objetivo prioritario que debe regir cualquier sistema democrático: alcanzar la igualdad política, entendida esta en su acepción más amplia.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de nuestros vecinos franceses en 1789, nace precisamente de la lucha del ciudadano contra la opresión que ejerce el poder; luchan por la igualdad de derechos sin restricciones ni escisiones; abogaron por el liberalismo y por enunciar su máxima: “Todos los hombres nacen libres e iguales en derechos.” Si bien las circunstancias políticas y sociales de aquel momento permitían la formulación de axiomas emotivos y tan optimistas que dejaban enunciar que “todos” los hombres eran iguales, ese era el ideal: objetivo a alcanzar y para ello, deberían de dotarse de las instituciones políticas adecuadas en las que tan noble objetivo pudiese culminar.
A lo largo de la historia, múltiples son las confrontaciones sociales por alcanzar la igualdad real efectiva, motivados en más de las veces, no por razones si no por emociones, sentimientos y pasiones, factores necesarios e imprescindibles que de forma directa afectan e influyen de forma positiva en la movilización ciudadana para lograr el objetivo a través de la acción colectiva. Los logros alcanzados en igualdad política se han logrado gracias a la movilización de grandes masas de ciudadanos movidos por la pasión que genera la distribución desigual de los recursos, así como el trato desigual en derechos y obligaciones y, ello movido desde el ámbito que ostenta el poder, bien sea político o económico.
Estamos todos de acuerdo que la Democracia es el sistema político en el que se pueden alcanzar las máximas cuotas de igualdad política, pero: ¿de qué manera podemos los ciudadanos participar en el actual sistema democrático para lograr influir en quien tiene el poder de decisión política? Un gran número de ciudadanos identifican la “igualdad política” con el derecho al sufragio universal; el derecho a votar y elegir a gobiernos[1], convencidos de que no existe otra forma de participar con el objetivo claro de influir de manera decisiva en el diseño de las políticas públicas. No es cierto.
Asistimos a una constante expansión y distribución de los centros de poder e influencia.  Cada vez son más evidentes la influencia de los medios de comunicación en la generación de opinión pública con diferentes objetivos, no mostrados de forma previa, y que consiguen persuadir, convencer y movilizar a un gran número de ciudadanos al objeto, de que mediante esta movilización, se logre penetrar en la agenda política influyendo en las decisiones. La importancia de los medios de comunicación en las democracias es vital, como en ese sentido se manifestó Benjamin Constant al considerar la libertad de prensa como una de las más importantes libertades sociales, ya que a través de ellos se logra llegar al máximo número de receptores, siendo el instrumento de persuasión y difusión y causante de la “disfunción narcotizante” de la información más relevante en la actualidad. Lenguaje persuasivo y llegar al máximo número de receptores son instrumentos idóneos para crear opinión pública, “privatizarla” como condenaba Gil Calvo[2], y a través de ella, lograr la movilización ciudadana capaz de influir en la toma de decisiones políticas.
Los instrumentos de persuasión se desarrollan en múltiples ocasiones en el ámbito de la manipulación e incluso la violencia, como ocurre con los grupos terroristas. Esto fue desarrollado y analizado por Carl Schmitt y Freund[3], como la relación “amigo-enemigo”. Esto es, explicado en palabras de N. Bobbio: “conflictos que no pueden ser resueltos en última instancia si no es a través de la fuerza, o que, por lo menos, justifican, de parte de los contendientes, el recurso a la fuerza para poner fin a la discusión”[4]. Parece que todo vale al objeto de lograr influir en la toma de decisiones políticas. En este todo vale, por supuesto, se encuentra la manipulación informativa por parte de los medios y grupos de poder y por tanto presión, que quieren forzar un cambio a su favor, bien sea en la generación de opinión o en el centro de toma de decisiones políticas.
Pero retomemos el concepto de igualdad, recordando las palabras que Abraham Lincoln lanzó a los “emotivistas” franceses creadores de La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano antes citados. Lo hizo con una pícara ampliación de información sutil que se les pasó por alto a los hombres de antaño: “todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”[5]. Es necesario analizar para saber si se corresponde a la realidad o a una utopía de difícil acceso para todas las sociedades en general, pues si de algo está cargada la palabra “igualdad”, como punto de partida, es de indeterminación de su significación; Balzac aseguraba que “la igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance a convertirla en hecho”[6]. Como acertadamente aconsejaba Norberto Bobbio, el primer paso es saber qué significa el término en el ámbito del lenguaje político, en el lenguaje de la persuasión. Para ello nada mejor que preguntarse: “a) ¿Igualdad entre quiénes?, y b) ¿Igualdad en qué?”[7]. Si partimos de la forma de formulación de las preguntas de Bobbio, nos daremos cuenta de que la igualdad sí es un pilar de la democracia, pero no implica un valor como pueda ser la libertad, sino un mecanismo de relación entre los entes de una totalidad.
La pregunta, ¿Igualdad entre quienes?, nos lleva inevitablemente a una comparativa entre otros hombres y nosotros mismos, lo que deja entrever que más que un valor, la igualdad implica un mecanismo, un método, para definir como serán las relaciones que deben darse dentro de esa sociedad. Es el caso de la afirmación: “Todos los hombres son iguales ante la ley”, la cual implica una relación que debe darse entre los hombres bajo el ámbito de la justicia o lo que es lo mismo, explicado bajo las palabras de Bobbio: “La regla de justicia presupone, (…) que se han elegido los criterios para establecer cuándo dos cosas deben considerarse equivalentes y cuándo dos personas deben considerarse equiparables”. Es decir, el modelo debe ser un marco de igualdad ante la ley –isonomía-, con un marco de libertad de expresión –isogoria-, o al menos, así debiera ser en teoría, pues, una igualdad que permita la pluralidad y la real igualdad de los seres libres, es el desiderátum de la democracia, cuestión que una vez más y para no perder costumbre, se pierde por la manipulación y los sesgos –influencia-, externos y ajenos a los valores morales de igualdad que legitima la justicia. Es quizá por ello que Jean-Jacques Rousseau afirmó sin que le temblase la pluma que: (…) la verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a regularlo? Como, precisamente, la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, hay que hacer que la fuerza de la legislación tienda siempre a mantenerla.”[8]
Si bien en el ámbito de la ley y la justicia, la palabra igualdad toma un sentido claro y una posición neutral a las relaciones entre iguales para facilitar su propio mecanismo, la extensión a la frase: “Todos somos iguales” al ámbito del lenguaje político y por ende, dada la naturaleza del propio sistema democrático, la sociedad, adquiere un factor de valor obviado en su significación anterior de justicia, como así reconocía el filósofo italiano N. Bobbio.: “En el debate político la igualdad constituye un valor, mejor, uno de los valores fundamentales en los que las filosofías y las ideologías políticas de todos los tiempos se han inspirado”, pero como decía anteriormente, esto no deja de ser una falacia o una amalgama de positivismo mezclado con sueños ilusorios, pues no hay mayor surrealismo que llevar el término igualdad a “todos”, cuando somos conocedores de que hechos acontecidos en suelo terráqueo nos hacen negar esa premisa fantasma. Mayormente porque quiere dar a entender, con ese “todos” un tanto hostil a mi parecer, que sea cual sea el ámbito de aplicación de la igualdad, todos deberán serlo en la misma medida.
Evocar la igualdad en todo nos recuerda a los gobiernos comunistas o igualitarios, quienes acaban anulando recursos y libertades políticas importantes para el ciudadano como pueda ser la libertad y el reconocimiento de los valores individuales del individuo, en pos de una igualdad algo confusa y despiadada para el hombre libre que tanto costó parir a finales del s. XVIII, tratado en esa clase de sociedades como un sujeto genérico en que nada se distingue a los demás. Esto no sólo nos recuerda a los sistemas autocráticos, sino también al hombre masa, representación de la indigencia intelectual que un día pintaba con acierto Ortega y Gasset[9]: “Masa es aquel que no se valora a sí mismo –en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente igual a todo el mundo, y sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás”.  Creo que Gasset no deja lugar a dudas, ¿es positiva la igualdad entre todos en todos sus ámbitos? ¿No es una premisa y axioma indiscutible que la igualdad comienza cuando aceptamos que todos somos igual de diferentes? ¿No es la igualdad de derechos aquello que nos une haciendo que respetemos intrínsecamente aquello que nos diferencia?
En lo que concierne a igualdad democrática, normalmente mostrado al ciudadano a través del discurso político más pasional que real –como la Oración fúnebre a Pericles (Tucídices)-, influye en algo como pueda ser la igualdad de oportunidades. Si bien es cierto que nunca ha habido tantas oportunidades, es decir, opciones para todos, creo exagerado creer en la frase demagógica del político de pro que afirma “que nunca nos ha ido tan bien como ahora”. La creación de más oportunidades para todos, no debe dar lugar a pensar que todos los ciudadanos están realmente en igualdad de conseguirlas. Ralph Dahrendorf se refería así a la conflictiva definición de este término por parte de los franceses: “Desde que los expertos en relaciones públicas de la Revolución francesa unieron libertad, igualdad y fraternidad, han sido muchos los que han ratificado la compatibilidad de estos tres conceptos. He de confesar que, a mí, esta visión armoniosa no me convence. Las diferencias entre liberales, socialistas y comunitaristas no se pueden ocultar, ni siquiera bajo la cómoda imprecisión de una ‘tercera vía’. Libertad e igualdad son dos formas distintas de abordar las relaciones sociales. Quien busca ante todo igualdad, suele perder de vista la libertad”[10]. Como decía antes, la desigualdad o lo que es lo mismo, la diferencia, es uno de los componentes de la propia libertad, por lo que hay que empezar a preguntarse dónde está la línea que separa que la igualdad y la libertad se retroalimenten o la igualdad termine con el valor supremo de la libertad. En una sociedad libre, el espacio para sujetos diferentes es incalculable. ¿Qué hacer ante esto? ¿Cómo marcar qué es en lo que debemos ser todos iguales? Sin lugar a dudas, garantizando unas dotaciones básicas para todos, como pueden ser por ejemplo los derechos fundamentales del individuo, pero que en ningún caso acaparen medidas que pudieran ir en contra de los derechos individuales del hombre. Es por ello, que nuestra democracia puede verse como una democracia-liberal, sin que liberal signifique lo que significó antaño, sino más bien que todos los ciudadanos gocen de igual libertad, como decía Bobbio, “sean igualmente libres o iguales en el derecho a la libertad”.
Pero si algo está a la orden del día en nuestros actuales sistemas democráticos es la manipulación, el uso de un lenguaje político cargado de perversidad, que utiliza los valores básicos de la democracia llenándolos de valores populistas más banales que trascendentales, transformándolos en tópicos o golpes de pecho que nos damos pero que a efecto no llevamos. Partiendo de la misma palabra “democracia”, parece que entre todos le hemos fabricado un colchón donde asentarse totalmente hipócrita y falseado, sin más atisbo de democracia que la democracia directa practicada por los ciudadanos cuando se dirigen a una urna, las cuales, como decía J. Rancière: “no suelen estar atestadas y es posible cerciorarse de ello sin arriesgar la vida”. [11]Y es que parece haber quedado muy lejano aquel lema demócrata “un hombre, un voto” y menos cuando en países como España entra en juego la desigual Ley de D’Hondt que devalúa el voto del ciudadano de Soria con respecto al de Madrid.
Muy a pesar de ser conocedores de la historia y sus movimientos sociales, no parecemos haber aprendido de los errores ni aciertos del hombre antiguo. Tomando como referencia la “en exceso adorada” democracia de Atenas, vemos como a pesar de haber comprendido que las igualdades sociales no respetadas por los griegos, son de una importancia social que no es baladí, se nos olvidó lo que si hicieron bien: “la democracia directa”. Si bien Sartori está en lo cierto cuando afirma que el declive de la democracia de Atenas vino dado por “la hipertrofia de la política”, por lo que llega a la conclusión: “que la democracia indirecta, es decir, representativa, no es únicamente una atenuación de la democracia directa; es también un correctivo”[12], también es cierto que nosotros, la democracia directa no la hemos olido más que cuando nos acercamos con nuestro sobre blanco y “secreto” a la urna –quienes se acercan, claro- en un ejercicio de más manipulación sobre el ciudadano que veta su propia influencia sobre el sistema. Me explico. Si bien la elección de los candidatos que han de representarnos, se hace en un ejercicio de elección y libertad, esconde una manipulación del lenguaje político realmente alarmante para el que quiera ver: en realidad, estamos votando “en democracia” a un líder que ejercerá un mandato imperativo, vendido al pueblo como que en realidad es la masa quien gobierna. El caso es, que la mentira no sólo es despiadada al tener que reconocer que a pesar de los avances históricos e ideológicos, seguimos encontrándonos en una “oligarquía” envuelta en papel de democracia, disfrazada de incumplidas y falsas promesas que todos queremos creer. Promesas rotas que van desde “el gobierno de todos” a el gobierno de las mayorías, de la igualdad de todos, a la igualdad del aventajado y no por meritocracia, de la democracia representativa a la representación de los intereses particulares afincados en una caduca y mediocre clase política aficionada más a la poltrona que a la búsqueda de intereses de la comunidad. Con esto no quiero ni mucho menos decir, que los partidos políticos sean innecesarios en una democracia, pues esta afirmación se caería por su propia incoherencia. Ahora bien, lo que sí son innecesarios, son los partidos que hoy el individualismo egoísta reinante ha creado: basados en la manipulación mediática a través de la aprobación de políticas populistas que se camelan gran parte de la opinión pública a través de la privatización de su opinión, llevándoselos al bolsillo sin ningún pudor moral de cómo el fin para ellos justifica los medios. Son los políticos y los medios de comunicación  de masas, los protagonistas que ejercen la manipulación más absoluta de la verdad y la transparencia política, alterando con ello el verdadero espíritu del sistema democrático, desprestigiándolo y por ende, dándoles la razón a todos aquellos autores que han escrito ríos de tinta sobre el futuro negro y oscuro de la democracia. Son muchos los que alertan, que, por lo general, las democracias tienen tendencia a acabar en corrupción, y la verdad, viendo la situación a nivel mundial de las democracias actuales, hemos de reconocer que en el fondo todos sabemos cómo está empedrado el camino del infierno, y se parece mucho a lo que cada día políticos, medios de comunicación y grupos de presión dibujan para nosotros. 

Ante esta presión de los grupos de poder, obsesionados en aplastar las minorías que conviven con ellos y al ciudadano que “osa” tomar una actitud cívica, esto es, de compromiso con su comunidad, vea cada más imposibilitado ejercer su influencia sobre ese mal vendido “gobierno de todos”. Para la sociedad civil organizada no abonada al Vip-Club del poder, sólo queda la presión a través de asociaciones civiles, pero su repercusión mediática, una vez más, está vendida al antojo de los directores de los medios de comunicación. La información privatizada, sin control y con amplios vacios legales que confirman la regla de “la casa siempre gana”, hacen al “ciudadano cívico”, mermar sus fuerzas al darse cuenta de que como ciudadano independiente es totalmente falso que tenga ninguna clase de influencia si no es “apadrinado” por un grupo de presión legitimado por la sociedad –una vez más, por la mayoría-. Al mermar las fuerzas, llega la apatía hacia el sentir público o patrio, y con ello la inactividad y su consecuente disfunción narcotizante. Jacques Ranciére irónicamente me lleva la contraria, afirmando que “no es verdad que estemos asistiendo a un avance irrefrenable de la abstención. Por el contrario, hay un elevado número de electores que persisten en movilizarse para elegir entre representantes equivalentes de una oligarquía de Estado que dio tantas pruebas de su mediocridad, cuando no de su corrupción, habría que ver más bien la señal de una admirable constancia cívica. Y la pasión democrática que daña tan fuertemente a los candidatos de gobierno no es capricho de consumidores, sino simplemente deseo de que la política signifique algo más que la alternativa entre oligarcas intercambiables.”[13] Lo peor de todo esto, es que una vez más nos percatamos de que muy a pesar de estar respaldados por una soberanía popular, esto no deja de ser más que un enunciado, totalmente contradictorio a cual es hoy la triste realidad de la democracia que convierte la frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, sino le gustan tengo otros” en el eslogan del sistema. Hagámonos la pregunta: ¿Somos los ciudadanos españoles “gobernadores” reales de nuestro “pueblo”? Está claro que no, “la soberanía popular es una manera de incluir el exceso democrático, de transformar en arché el principio anárquico de la singularidad política: el gobierno de los que no tienen título para gobernar”.[14]

Es así, a través de la constante manipulación del lenguaje político, proyectado a los ciudadanos a través de mítines vespertinos bien recogidos en los “partidistas” medios de comunicación, de tal forma que causen el mayor efecto deseado por los grupos de poder. De esta forma, es como el significado de la palabra democracia cae en el mayor de los eufemismos, tal que podríamos caer en otro emulando a Niestzche y afirmar que “La democracia y la libertad han muerto” y además, por las mismas razones que Niestzche y Freud “mataron” a Dios: porque sus pilares y su análisis a través de la historia no son suficientemente fuertes como para servir de parangón y base de un sistema político fuerte y realmente representativo para los ciudadanos, sin dejar que políticos mediocres y poco preparados para el oficio de gobernar, terminen de dar el golpe de gracia a nuestros derruidos principios y fundamentos democráticos.

Hoy, “la polémica dibuja el retrato-robot del hombre democrático: joven consumidor imbécil de pop-corn, de telerrealidad, de safe sex, de seguridad social, de derecho a la diferencia y de ilusiones anticapitalistas o altermundistas. Con él, los denunciantes tienen lo que necesitan: el culpable absoluto de un mal irremediable. No un pequeño culpable, sino un gran culpable, causante no sólo del imperio del mercado al que los denunciantes se amoldan, sino de la ruina de la civilización y la humanidad”.[15]

Sin lugar a dudas, ese “exceso democrático” del que hablaba antes, es uno de los causantes de la manipulación de la democracia a través de la influencia de grupos de presión, medios de comunicación, vendedores de realidades paralelas que han de encontrarse perdidos en el pueblo “Utopía” de Tomás Moro, pues que sepamos, aún ninguno conocemos qué es en realidad disfrutar de un sistema democrático.

Como decía Kant: “del retorcido tronco de la humanidad no ha salido nunca nada derecho”. Stuart Mill creía fervientemente en esta afirmación. Yo, visto lo visto, creo firmemente que también. Eso sí, mi moral cívica no me permite ser más que optimista a la espera del cambio.

Otra democracia, es posible.




[1] Schumpeter, J.S. Capitalismo, socialismo y democracia. Ed. Folio, 1984, Barcelona, pág. 338 “(…)en realidad, el pueblo no plantea ni decide las controversias, sino que estas cuestiones, que determinan su destino, se plantean y deciden normalmente para el pueblo.”
[2] Gil Calvo, “La privatización de la opinión pública”
[3] Citado por N. Bobbio en “Política, moral, derecho”. Pág. 186.
[4] N. Bobbio “Política, moral, derecho”. Pág. 188.
[5] Abraham Lincoln, 16º Presidente de los EEUU (1809-1865)
[6] Honore de Balzac, novelista francés (1799-1850)
[7] N. Bobbio, Igualdad y libertad, pág. 54
[8] Rousseau, “El contrato social”.
[9] Ortega y Gasset, “La rebelión de las masas”.
[11] Jacques Rancière, “El odio a la democracia”
[12] Sartori, “Democracia”.
[13] J. Rancière, “El odio a la democracia”.
[14] J. Rancière, “El odio a la democracia”.
[15] Jacques Rancière, “El odio a la democracia”

viernes, 2 de marzo de 2012

Democracia de salón (1ª Parte)



 "El hombre es el animal más depredador"

Nietzsche y Hegel, en un aforismo tan suspicaz como inteligente, afirmaron hace años que “Dios había muerto”. Supongo, que si hoy volvieran a vivir en nuestra sociedad además de llevarse las manos a la cabeza –cada uno por sus causas-, podrían afirmar lo mismo de la Libertad, pues es otra por la que creo -dada la trayectoria que llevamos- por la que tendremos que llorar su muerte y esculpir un RIP del mismo nivel de nuestra falta de vergüenza, por ser poseedores de tantos litros de horchata en nuestras venas. Valga el paradigma, para expresar e intentar analizar las faltas de libertades cada vez más latentes que vivimos en nuestra vida cotidiana. La democracia y sus promesas parecen haberse empapado de una tibia y roñosa escarcha, en el que las buenas ideas e intenciones que se marcaron en la Transición han quedado igual de congeladas que Walt Disney: en un baúl muy bonito lleno de cuentos de hadas.

Si bien Niestzche y Hegel en su expresión “Dios ha muerto” querían indicar que las creencias sobre Dios y su historia no son suficientemente fuertes como para servir de parangón y base de la moral y la teleología, hoy se podría afirmar que la libertad ha muerto por las mismas razones, pues parece que ha perdido la fuerza que un día la llevó a ser un derecho innato en el ciudadano. Supongo que si los liberales de Cádiz levantarán la cabeza, tendrían mucho que decirnos al respecto.

Pero no piensen que toda la culpa de que nuestra democracia sea una estafa muy académica y poco práctica es únicamente de los mediocres políticos que dirigen España u otros países como Italia –por poner un ejemplo de clara mediocridad política-, sino que también lo es y me vas a perdonar, en gran parte culpa tuya. Tuya, mía y de todos. Siento que en estos momentos la democracia está estancada, dando vueltas en círculo sobre sus falsas promesas y sus falsas virtudes. 

Llegados a este punto, es de intuir que algún lector crítico empezará a no estar de acuerdo conmigo y pensará que no son tantas las libertades que nos faltan y que por lo general, se cumplen los puntos básicos que exige la democracia para ser legitimada como tal. Meeeec. Error. Son tantos los puntos que no se cumplen, que uno llega a pensar si la corriente de esta nuestra sociedad, no es ceder al poder oligárquico o tecnocrático y dejarse de complicaciones. Y es que la libertad es así: parece venderse muy cara. La piel de revolucionario se las ponen lobos encubiertos en piel de oveja, mientras con sus patitas de animal recorren el camino hacia sus fines espurios alejados del bien de la comunidad.

¡Nunca hemos estado tan bien! ¡Podemos votar!

 

Este es uno de los argumentos que más me ha tocado oír en defensa de la legitimidad de nuestra demacrada democracia. Al parecer, el tener derecho a voto sigue siendo una alegría, cosa que si bien hace años pudo ser motivo de celebración, hoy es síntoma de normalidad. Todavía no he visto a ningún afroamericano estar contento porque hace un siglo se abolió la esclavitud y porque ya no recogen algodón ¿Alguna moral, a día de hoy, podría dudar de que fuese de otra forma? Si se hubieran anclado en esa idea, el avance por la defensa de sus derechos se hubiera paralizado en aquel preciso instante y no hubiera avanzado con la fuerza que este colectivo ha alcanzado a base de un amargo esfuerzo.

En 1957, el político Harold Macmillan de origen británico, recientemente ascendido a primer ministro, pronunció un discurso en Bedford que pasó a la historia por la siguiente afirmación y me supongo que también, por ser la demagogia con la que se consuelan nuestros conciudadanos:

“Seamos sinceros, a la mayoría de nosotros nunca nos ha ido tan bien como ahora. Recorred el país, las grandes ciudades, los pueblos pequeños, y encontraréis un bienestar que jamás habéis visto antes, al menos en la historia de este país”.

Según afirma Ralf Dahrendorf acerca de este discurso: “[...]los políticos suelen vanagloriarse de decir ‘verdades incómodas’; por eso raras veces hablan como Harold Macmillan, pues su verdad es, por decirlo así, una ‘verdad cómoda’”[1]. Efectivamente, con el paso de los años se ha ido creando bienestar para todos, pero también hay que tener en cuenta “bienestar comparado con qué” o “bienestar mínimo para no levantar al país según se decida qué”. No hemos de olvidar que el producto nacional bruto per cápita, no es el único parámetro que debemos tener en cuenta, sino también tasas como el Índice de Desarrollo Humano que indica los valores del nivel cultural, ingresos percibidos y esperanza de vida.

Es cierto que si bien la ampliación de las libertades no ha seguido un camino continuo y lleno de triunfos periódicos, nunca nos ha ido tan bien como ahora, pero como afirma el mismo Dahrendorf, tras esta afirmación está “el gran pero…”. Peros que el mismo politólogo define bajo enunciados tales como: “Pero ¿y la felicidad?”, “Pero ¿para siempre?”, “Pero ¿para todos?”… Preguntas para los que todos tenemos la respuesta pero a la que no nos atrevemos a enfrentarnos. Es demasiado el trabajo que requiere y poco el estímulo del ciudadano por cambiar las cosas. El individuo, ha caído en las garras de la disfunción narcotizante que, a causa de los políticos y sus políticas, amenazan con gravedad la estabilidad, permanencia y legitimidad de los actuales países democráticos, ya que la tiranización de los “amigos de la poltrona” parece ganar en cabeza a los que estamos en el bando del movimiento ciudadano.

Al igual que Dahrendorf, yo tampoco me atrevería a afirmar que los hombres del año 2009 son más felices que los de 1957: “La experiencia humana de la felicidad y de la desgracia confirma más bien el dicho popular de que la vida tiene muchos altibajos, tantos como índices de bienestar de los economistas”[2]. Se puede imaginar uno claramente que ejercer por veces primeras las libertades que nos abrían las recientes estrenadas democracias, bellas y relucientes en sus inicios, eran muchísimo más estimulantes de lo que esos principios, como el sufragio de todos los ciudadanos, son ahora.

Quizás la felicidad, al igual que el bienestar y el progreso, sea demasiado abstracta como para poder emplearla para medir parámetros de desarrollo social. Ante esta encrucijada de cómo medir el nivel de bienestar de los ciudadanos en una democracia, Dahrendorf plantea la pregunta: “¿Qué otro concepto podría sernos de ayuda en esta tarea?” Sin lugar a dudas la respuesta es transparente: la libertad. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, afirmaba con implacable coherencia que: “En este sentido, el progreso es el proceso de ampliación de las libertades humanas”.

Unido al concepto de medir el nivel de progreso de un país y analizar los parámetros de democracia que actúan en él, otra pregunta indispensable es “¿Para todos?" Ninguno tenemos lugar a dudas, de que en un estado democrático las oportunidades para todos han de brillar por su presencia y nunca por su ausencia. Echa un vistazo al mundo ahora que estamos a solas: ¿Qué ves? ¿Hay una clara y transparente igualdad de oportunidades? Centrémonos en lo que nos atañe: ¿ves una clara igualdad de oportunidades en los países que se ponen de sello “soy democrático”? Miremos más de cerca todavía… ¿Percibes igualdad de oportunidades en España?

Tengamos en cuenta que si por algo resaltan las oportunidades, es por significar opciones, lo que es lo mismo a tener un abanico de posibilidades donde elegir. Es evidente que si todos vistiéramos igual, nos cortáramos el pelo igual y fuéramos vestiditos de verde, una de dos: o nos habríamos vuelto marcianos o viviríamos en un régimen autoritario. Las opciones, posibilidades y oportunidades significan derechos, más allá del concepto de lo que “es básico”. Derechos fundamentales que se presuponen, como es natural, en regímenes democráticos. Pero para que funcionen las oportunidades intrínsecamente ha de existir algo más: las ofertas de las mismas. No puedo negar que en España, desde el fin de la dictadura y la tiranía de Francisco Franco, la ampliación de los derechos de los ciudadanos españoles ha crecido notablemente, PERO tampoco se puede obviar que el alcance de esos derechos ya son historia y configuran méritos de progreso de los que ahora, por la trayectoria de nuestras pobres hazañas y mezquina ampliación de libertades, podamos vanagloriarnos. “Deberíamos ser muy cautos al afirmar que otros todavía no han llegado al punto en el que nosotros nos encontramos. Es posible que todos nuestros logros sean destruidos, por enemigos exteriores o por el potencial suicida de nuestra propia acción. La destrucción del medio ambiente, la amenaza nuclear o el odio del perdedor son algunos ejemplos.”[3]

Si analizáis el desarrollo de la sociedad española, la ampliación de derechos siempre va acompañada de polémica, unas veces mojigata y otras veces tan sólo populista, que en ningún caso marca ninguna corriente ideológica digna de ser reseñada. Aunque empiezan a oírse medias voces disidentes que empiezan a no tener garganta para tragar más, la sociedad improvisa y usa esa técnica vulgar para enfrentar los problemas al igual que hace José Luís Rodríguez Zapatero, pero le cuesta a horrores organizarse dignamente en la sociedad civil. Hemos perdido el rumbo de las ideas para cambiarlo por el rumbo de la codicia, la corrupción y las poltronas ocupadas por necios tiranos que no hacen más que empobrecer los valores con los que la sociedad liberal nació. Francis Fukuyama es más radical y negativo y habla de esta conducta conformista y sin ideología como “el fin de la historia”, mientras afirma que “La idea liberal se ha mostrado victoriosa”. Como hemos alcanzado un punto “en el que  nos resulta imposible imaginar un mundo esencialmente distinto del nuestro, en el que el futuro no puede traernos una evidente mejora sustancial del orden existente, debemos considerar la posibilidad de que la historia haya tocado a su fin”.

Quiero negarme a creer esto que afirma Fukuyama. No es posible que las ideas, las corrientes y el pensamiento libre hayan ido a parar a las bibliotecas de Alejandría y ninguna fuerza liberal exista en este cementerio político de memeces y desvaríos, capaz de coger la democracia por los cuernos mientras al unísono ciudadano clama por la libertad. Eso sólo puede ser síntoma de que nuestra sociedad está enfermando en la peor de las infecciones morales: la apatía y el conformismo hacia la clase de sistema político y social al que nos vamos acercarndo peligrosamente, donde por primera vez tras la revolución liberal, el ciudadano, el ser humano en sí mismo, es relegado al final de una lista burocrática en la que es mandado a callar, sirviendo como ejemplo el estudiante del otro día en el Congreso quien ,con admirable osadía, se atrevió a decir una verdad incómoda -o como un templo- que le costó el ser interrumpido en su discurso y posteriormente, ser obligado a abandonar el atril del hemiciclo. Cosas,... que pasan en España.

Además de la irreal y carencia visible de igualdad de oportunidades para todos, existen otras muchas falsas promesas de la democracia como decía al principio. Váis a poder comprobar cómo suspendemos en casi todas y como nuestra democracia ha pasado a ser un arma demagoga, maniquea y academicista de nuestros políticos de salón.

 

Continuará…




[1] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.
[2] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.
[3] Ralf Dahrendorf, En busca de un nuevo orden; una política de la libertad para el siglo XXI.Ed.: Paidós Estado y Sociedad 131.

jueves, 1 de marzo de 2012

El Hombre de Negro: mucho más allá del atrezzo

El @hdnegro y @auroraferrer en el encuentro de @Quorevista

AURORA FERRER.- El pasado miércoles con la Revista Quo tuve la oportunidad de conocer a un personaje tan inquietante como atractivo: El Hombre de negro, coordinador de las secciones de El Hormiguero: Arte a lo Bestia y Ciencia.

Fueron muchos los que se preguntaron el motivo de que yo, escéptica de la televisión a tal nivel que le puse las maletas en la puerta hace cinco años, eligiera un personaje como el representado por Pablo Ibáñez para el encuentro de "#QuoandTuits". Lo cierto es que conocí a este personaje por Twitter y fue así como pronto me descubrí buscando más y más vídeos de su trabajo en Youtube admirando la genialidad de su idea.

A pesar de sus aires de chico malo, sus gafas oscuras y su imponente capa de Van Helsing que intimidarían a cualquiera a las 10 de la mañana, detrás del Hombre de Negro hay mucho más que atrezzo. Pablo es un luchador nato, que ha tenido que prepararse en un tiempo récord junto a su equipo de científicos para poder difundir ciencia de una forma original y divertida, y que ha sido recibida por el público con el mejor de los aplausos. Su incansable trabajo y defensa por la ciencia no merece menos: sus espacios televisivos de cinco minutos han llegado a ser 'los minutos de oro' del programa que dirige Pablo Motos. Como me decía Iván, el amigo de Big Bang Ciencia, "Haz merchandising de un espacio de ciencia y véndelo" y Pablo Ibáñez y su oscuro personaje no sólo han conseguido eso, sino también reunir a toda la familia frente a la televisión viendo un espacio de ciencia bajo el mejor de los formatos.

Defiendo de siempre que la Ciencia es pura magia. Es pura química y por qué no, también un precioso espectáculo. Cojan un telescopio y miren el cielo ¿ven la magia?, Cojan una teoría física y dejen que El Hombre de Negro la lleve al escenario ¿ven la pasión?. De eso se trata, aquellos que viven y ven con pasión el mundo de la ciencia, conseguirán llevar su palabra traspasando fronteras y haciendo que los espectáculos magufos queden a la altura del betún. Implica que esas personas han entendido tan bien el mensaje que pueden interpretarlo de una forma amena y divertida. 

Y precisamente de eso se trata. Está claro que a estas alturas, lo que no han conseguido las aulas y las universidades, no lo vamos a lograr periodistas científicos, divulgadores o amateurs. Pero quizás sí podemos hacer dos cosas básicas: hacerlo más fácil y divertido.

Muy pronto... más en @Quorevista sobre el Hombre de Negro =) (Pronto la Revista Quo publicará un vídeo del encuentro en la web como anunciaron el pasado miércoles en Twitter)